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Dossier: Bosquimanos del Kalahari, Los
Los diamantes que expulsaron a un pueblo en Botswana
 
DOSSIERSDELPARAISO.COM | Ivannia SALAZAR SABORÍO | Botswana | BOTSWANA
 
24/01/2011 - 18:14 • Es irónico que el continente con mayor cantidad de yacimientos de piedras preciosas, entre ellos los diamantes, sea el más pobre del mundo. Para nadie es un secreto que muchísimas de estas joyas están manchadas con sangre. No solo han estado en el centro de las guerras, sino que han sido su causa, en países como Sierra Leona o Angola. Además, en muchos casos las ganancias obtenidas por el tráfico ilegal de diamantes han sido utilizadas por las guerrillas para comprar armas. Y continuar matando.

Es irónico que el continente con mayor cantidad de yacimientos de piedras preciosas, entre ellos los diamantes, sea el más pobre del mundo. Para nadie es un secreto que muchísimas de estas joyas están manchadas con sangre. No solo han estado en el centro de las guerras, sino que han sido su causa, en países como Sierra Leona o Angola. Además, en muchos casos las ganancias obtenidas por el tráfico ilegal de diamantes han sido utilizadas por las guerrillas para comprar armas. Y continuar matando.

Ante este panorama, algunas fuentes calificaban a Botswana como casi un milagro. La industria de los diamantes da trabajo al 10% de la población y dos terceras partes de los ingresos del Gobierno provienen de ella. Sin embargo, en realidad es uno más de los países en los que los diamantes han significado más una tragedia que un beneficio. Especialmente para quienes pertenecen a la etnia Khoisan.

Los Khoisan o bosquimanos, bautizados así por los colonos blancos que arribaron a sus tierras en el siglo XVII, son los indígenas del sur de África, han vivido en la zona durante unos 50.000 años y según algunos antropólogos podrían constituir el grupo humano más antiguo del planeta. Se calcula que actualmente son entre 60.000 y 100.000. Una parte de ellos (que están divididos en diversas tribus), unos 5.000, tienen su hogar en la Reserva de Caza del Kalahari Central, el centro del desierto del mismo nombre, establecida como reserva en 1961 justamente con el objetivo de que los Khoisan pudieran sobrevivir en su forma tradicional: como nómadas y cazadores. Pero el Gobierno no perdió la oportunidad de utilizarlo también como un coto de caza para millonarios. Actualmente el parque está parcelado para diferentes concesiones de explotación de diamantes. (Kalahari Diamonds Limited, De Beers, Falconbridge, entre otras).

La alegría de la reserva duró poco. En 1980 fueron descubiertos yacimientos de diamantes en la zona y los bosquimanos empezaron a ser expulsados de sus tierras por el Gobierno, que justificó su acción en que era necesario ofrecerles “mejores condiciones de vida” y además “proteger la fauna salvaje de la caza” de este pueblo.
 
Desde entonces, se han producido expulsiones masivas. La policía ha desmantelado los poblados, y ha trasladado a hombres, mujeres y niños en camiones a zonas de reasentamiento en el exterior de la reserva. La imposibilidad de cazar y continuar viviendo según su milenario estilo de vida, provocaron para los bosquimanos no solo una absoluta imposibilidad de vivir dignamente, sino que, en un símil con los indígenas australianos, que muchos cayeran en las garras del alcoholismo como resultado de su desesperación. Enfermedades como el SIDA y la tuberculosis, hasta entonces no padecidas por ellos, hicieron acto de presencia. Además, el Gobierno no cumplió sus promesas y los abandonó a su suerte en zonas con limitado o nulo acceso al agua, a la sanidad y a la educación.

Algunas ONGs, entre ellas Kgeikani Kweni y Survival, iniciaron una batalla legal junto a los bosquimanos, que ganaron en el 2006, cuando una sentencia de los tribunales declaró “ilegal e inconstitucional” su expulsión de la reserva. La batalla no acabó ahí, ya que el Gobierno les “permitió” entrar, pero mantuvo dos prohibiciones que constituían para los bosquimanos una sentencia de muerte: la de cazar y la de acceder a los pozos de agua.

Mientras esto sucedía, la empresa Gem Diamons, actual propietaria de los derechos del yacimiento de diamantes, estaba empezando sus excavaciones y otra compañía de safaris de lujo estaba construyendo alojamientos, con piscina incluida, para los cazadores extranjeros. En junio del 2010, los tribunales desestimaron la demanda de los bosquimanos por el acceso al agua.

El general Mompati Sebogodi, vicepresidente del país, se preguntaba en el 2002 por qué los bosquimanos debían “continuar viviendo con la flora y la fauna cuando podían disfrutar de las cosas buenas de la vida, como conducir Cadillacs”, mientras que la ministra de la Oficina del Presidente, Margaret Nasha, comentó que “a veces comparo el problema bosquimano con los elefantes. En una ocasión tuvimos el mismo problema cuando quisimos matar selectivamente a los elefantes y la gente dijo que no”. El presidente de Botswana, Ian Khama, describió el estilo de vida cazador de los bosquimanos como “una fantasía arcaica” y “una vida primigenia de una era pasada llena de dificultades e indignidad”. Todas estas declaraciones no hacen más que confirmar el desinterés del Gobierno por proteger a este pueblo.

Los bosquimanos solo piden vivir en paz en el lugar que han habitado durante miles de años. Incluso, han desarrollado un plan de gestión de safaris fotográficos para demostrar que no están en contra del desarrollo, pero que es necesario que se detengan las expulsiones, la discriminación y la guerra contra quienes desde siempre han sido un pueblo pacífico. Acceso a sus tierras tradicionales, reconocimiento de la tribu y de sus líderes, voz y voto en el gobierno, protección y promoción de su cultura y de su lengua, son sus objetivos.

Pero los bosquimanos no dejan de luchar y están en medio del proceso de apelación a la sentencia que les negó el acceso al agua. Y como un jarro de agua fría, la empresa Gem comunicó en enero del 2011 que el Gobierno les ha concedido la licencia para abrir la mina de diamantes y comenzar con su explotación. Y aseguran que los bosquimanos han dado su consentimiento. Pero las ONGs denuncian que nadie les ha explicado las consecuencias. Desde que comenzaron las expulsiones masivas, los bosquimanos son el grupo más pobre del país, con mayores tasas de desempleo y con cifras de detención y condenas más altas.




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